La columna de @KlayAlejandro #2

Y una vez llegó el día en que tuve que hinchar en contra de quien desde hace mucho tiempo fue (y sigue siendo) mi jugador preferido de la NBA. Diría que es la primera vez que me pasa, pero es mentira. Fue la segunda vez que me tocó hinchar en contra de Klay Thompson. La primera fue en 2016, en aquel partido de cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Rio en el que Argentina quedó afuera contra Estados Unidos, y Manu Ginóbili se retiró de la selección. Se podría decir que las dos veces que hinché en contra de Klay Thompson (con el amigo Kyrie Irving ligándola de rebote en ambos casos, aunque bien merecido lo tiene)fueron noches conmovedoras que incluyeron un homenaje digno de llanto.

Esa noche de agosto de 2016 fue muy rara. Yo era un niño de 17 años, y me acuerdo que después del partido de la selección lo primero que hice fue irme a jugar un fútbol 5. Cuando salí de la cancha tenía el celular explotado de mensajes. No tenían que ver con Manu, ni con Klay, ni con el hijo de mil putas de Irving (quien en dos meses le pasó su enorme y terraplanista pene por el rostro a mi equipo de la NBA y a mi país). Eran mensajes de una chica con la que andaba, enojada por algo así como un pequeño malentendido. Mis esfuerzos por remontar la situación fueron tan inútiles como los de Steph Curry por marcar a Irving, y la historia terminó con la chica en cuestión pegándome un cachetazo al día siguiente en frente de todos mis amigos. Totalmente icónico.


Uno podría decir que lo que acabo de contar solo lo dije porque fue gracioso y no tiene nada que ver con Klay Thompson. En parte es cierto, pero también es cierto que la única vez que hinché en contra de Klay terminé -literalmente- siendo fajado en la vía pública. Así que sí, tiene mucho que ver.

Volviendo al partido contra Dallas, las sensaciones eran raras. Lo único que quería ver era imágenes de Klay abrazando a Curry y Draymond, para que podamos musicalizarlas con alguna canción romántica de Calamaro. La verdad que los saludos fueron bastante fríos, pero eso se compensó con la cara de emoción imposible de disimular de Klay mientras pasaban su video homenaje en la pantalla del estadio. El tipo se hacía el duro, pero se notaba que, como le dijo Medina a Lamponne, en realidad es un dulce de leche.


El momento de llorar se terminó, y empezó un partido de básquet. En la primera posesión se dio el cruce que todos esperaban (salvo el segmento psicópata que quería ver a Draymond arrancarle a Klay la vincha de un sopapo): Steph defendiendo a Klay por primera vez en su vida. Podía terminar en un golazo espectacular de Klay sobre su ex Splash Brother, o en una gran defensa de Curry que quede en la historia, pero no pasó ninguna de las dos, y se terminó dando la opción menos mística posible: falta y dos tiros libres.


Del resto del partido no puedo opinar mucho porque después del primer cuarto me fui a dormir. Era casi la 1 de la mañana en Argentina, y lamentablemente ya no soy ese niño de 17 años que se hacía fajar por chicas. Ahora soy un adulto funcional, y tengo responsabilidades incompatibles con los horarios de la Conferencia Oeste. Me desperté con la gran noticia de que habíamos ganado, y por supuesto que lo primero que hice fue (después de ir a mear y calentar el agua para el termo) fue ver qué carajo había pasado. No hay mucho que decir, realmente estoy empezando a creer que es imposible que en la historia de la NBA existan más de dos o tres jugadores que sean mejores que Curry. De verdad, no los hay.


Mientras tanto, seguimos ganando. Curry sigue siendo el mejor show de la NBA a pesar de estar coqueteando con la jubilación, Draymond es el mejor defensor de la historia, y nuestros jugadores de rol son sorprendentemente inteligentes y funcionales. Estoy considerando la opción de ilusionarme.  Sigan así, hijos de puta.

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